Prólogo, por Olivier di Prima

Aquel día en que durante una fiesta en casa de unos extraños, hasta donde habíamos llegado sin saber muy bien cómo, una chica muy bien vestida y de hablar correcto y perfumado dijo asustada y refiriéndose a nosotros que ‘hay una gente vestida de negro en la cocina’, escuché a Adrián decir en medio de risas que escribiría un poema con ese título. Y lo hizo y bajo ese nombre agrupó una serie de homenajes a quienes fuimos sus grandes amigos el año 96, “a quienes amé el ‘96” como reza su dedicatoria. Lo que entonces no sabíamos es que dos años más tarde, casi el mismo título, Hubo Gente Vestida de Negro en mi Cocina, serviría para encerrar una serie de poemas que serían parte importante de una de sus temáticas poéticas: la temprana nostalgia de quien ve caer los sueños de su generación.

Hubo Gente Vestida de Negro en mi Cocina está dividido en cuatro etapas fundamentales. La primera -el poema original- comprende el goce del descubrirse -a si mismo y a otros junto a ti- como partícipe de una realidad especial. La segunda parte nos habla de la sospecha en torno a la fragilidad de aquella realidad -es fácil ser revolucionario cuando se tiene dieciocho años y tus padres te mantienen, me dijo- y los primeros atisbos de traición. La tercera parte encierra la muerte de las ideas, las traiciones personales -ah, pero eso que yo dije no era para tomarlo tan en serio- y por cierto, de los sueños de una generación callada, además del salvavidas al final del poema: escribir estos poemas interminables / que (suerte la mía) dan sentido a mi vida. Finalmente, la cuarta parte fue escrita mucho después y cierra con la visión de un esperanzado que aún cree en sus propios sueños y se define como un sobreviviente: como idealista que sigo siendo, yo esperando por La Perla.

Estos poemas fueron escritos entre 1996 y 1998, entre sus 23 y 25 años, tres años en que mucho alrededor nuestro cambió y nosotros nos mantuvimos en pie a punta de sueños, proyectos, poesía y vino tinto. Y aunque a estas alturas ya a nadie sorprende lo mucho que puede cambiar una persona en tan poco tiempo creo que no se trata de juzgar las opciones personales ni ser severo a la hora de evaluar entre lo que dices y lo que haces (a pesar de que alguna vez lo fue). Creo más bien se trata de una invitación amplia. Para los que aún creen en algo, sigan haciéndolo, se puede… y para los que alguna vez dejaron de creer: ¡vamos amigos, aún estamos acá y podemos pasarlo aún mejor mientras hacemos nuestra triple revolución!

Olivier di Prima

Santiago de Chile, 26 de noviembre de 1998

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *