La Muerte de RadioMacul

Hace 7 años, en alguna delirante reunión con amigos, dimos inicio a lo que fue la segunda temporada de RadioMacul. El nombre, lo tomé de la radio pirata que transmitía en tiempos de dictadura desde lo que era conocido como el Cordón Macul de la Universidad de Chile. Como expuse en el documento fundacional, en los años 80, RadioMacul se levantó para constituirse como una voz disidente frente a la tiranía de los militares, en su nueva etapa, RadioMacul se levantó para constituirse como una voz disidente frente a la caída de los ideales y proyectos, contra el aburrimiento y el intento del estado de pasar una aplanadora institucional sobre la diversidad cultural.

En un comienzo, en conjunto con la Dirección de Cultura del Centro de Estudiantes de Ciencias comenzamos a transmitir una “señal pirata” por Internet. Era el año 2002 y todavía no se había masificado la tecnología para el streaming. Tuvimos que agarrar un código cooperativo, modificarlo, compilarlo y poner a sonar la radio. Un poco después hicimos lo mismo pero agregamos imagen. Junto a la compañía de teatro aéreo Dementia Praecox transformamos el living de la casa de Nikanor en un estudio, creamos un switch con interruptores de pared y transmitimos por poco más de dos horas una performance teatral con música electrónica y visuales en vivo a 118 personas repartidas por el mundo.

Hasta abril de 2004 seguimos transmitiendo convirtiéndonos en la primera Internet radio del país. En esa oportunidad y debido a las diferencias que se habían marcado con la nueva dirección del centro de estudiantes, decidimos emigrar. Arrendamos un local en la esquina de Salvador con Grecia, habilitamos el subterráneo como sala de ensayos y estudio de grabación, compramos una amplificación potente y nos lanzamos en el intento de producir un remezón en la escena.

Había una palabra detrás de todo ese proyecto, una palabra que todavía no había sido escuchada en el país, al menos, entre los músicos. Esa palabra era “copyleft”, izquierdos de autor, el juego semántico que se proponía como subversión al modelo de autoría y distribución de la cultura. Era una palabra que yo había escuchado bastante pues en el ámbito informático era común. Se trataba de producir código fuente (partituras por decirlo de alguna manera) que pudiesen ser ejecutados con libertad por el usuario, modificarlos, reconstruirlos, incluirlos en otros códigos… todo lo que la creatividad permitiese. En algún momento pensé ¿si un pequeño programador no vive de la venta de sus programas sino del servicio de soporte asociado al uso de éstos, por qué no un músico puede vivir mejor de sus presentaciones que de la mínima renta que le puede dar la venta de sus discos? De esa reflexión surgió el artículo “Copyleft en música” que fue reproducido por un gran número de revistas electrónicas en diferentes lugares del mundo. La idea era buena y recibió halagadores comentarios: “una revolución en el arte”, “pioneros en Chile”… La idea era buena e intentamos ponerla en práctica con dos bandas amigas: “Sangre de Rosas” y “Filortones”. Por diversas razones, las grabaciones nunca salieron a la luz.

Un año más tarde, en el verano de 2005, mi amiga Gloria Mujica nos ofreció hacernos cargo de La Trifulka, un bar emblemático para la escena rockera nacional. Por ahí habían pasado casi todos los músicos emergentes de los 90 y 2000. Nos hicimos cargo del lugar, creamos un modelo de trabajo en base a ensayos y errores, hasta que finalmente, después de tres años en el lugar, La Trifulka cerró definitivamente sus puertas en enero de 2008.

De esos tres años de proyecto quedaron más de 400 grabaciones de tocatas en vivo, una espectacular radiografía a la escena emergente de esos años. La mayor parte de esas grabaciones están disponibles para ser descargadas gratuitamente, unas pocas se perdieron en la falla de un disco duro a mediados de ese mismo año, y una mínima fracción ha sido retirada a petición de los autores.

Tras el cierre de La Trifulka he reflexionado sobre el proceso y no puedo sino sonreir al hacer un balance positivo. Hoy no sólo tenemos una lista innumerable de recuerdos, tantos como actividades realizadas, tantos, como discos grabados, tantos, como amigos repartidos por el mundo. Tenemos también una escena que ha cambiado por completo, centenas de miles de músicos que producen sus propias obras gracias al abaratamiento de la tecnología y a la facilidad de difusión encerrada en las redes. Tenemos una redefinición del modelo de negocio asociado al arte y la cultura, que si bien en muchos casos se ha obstinado a adaptarse a los nuevos tiempos que corren, a la mayoría nos ha llevado hasta límites que poco podíamos imaginar una década atrás. Hoy la gente compra menos discos y va más a los recitales de sus artistas. Finalmente, tenemos a un grupo importante de la sociedad que ha entendido que el conocimiento es patrimonio de la humanidad, que no puedo apropiarme de mis obras porque no sólo me pertenecen a mí sino son una construcción que hemos realizado entre todos.

Han pasado poco más de siete años desde que se gestó todo ese proceso y he decidido hacerle un regalo a RadioMacul. Así como fue desde la más sincera libertad que nos apropiamos de ese nombre, así es desde la más sincera libertad que lo entrego, ya sea para si mismo o para otros que quieran, como parte del más genuino espíritu revolucionario, tomar las banderas de la cultura como defensa de la diversidad humana.

A partir de ahora, RadioMacul Segunda Temporada, es parte de la historia.

Adrián Barahona

Santiago, 5 de marzo de 2010

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