Introducción a Antología del Realismo Cuático

EL SURGIMIENTO DEL REALISMO CUÁTICO

En 1994, durante una conversación con Mauricio Valenzuela, pensamos en algunos acontecimientos que habían ocurrido durante la última semana. Divagamos sobre la posibilidad de contarlos a otros y llegamos a la conclusión que no era posible. ¿Qué era lo que había que ocultar, lo que había que proteger? Curiosamente, lo que estaba en juego era nuestra credibilidad. Aquello que había ocurrido estaba por encima de la lógica humana, partes de lo que podríamos contar haría, inmediatamente, que nos tacharan de cuenteros. Y aunque de alguna manera era cierto porque, particularmente, yo era cuentero mientras él era, preferentemente, versero, hicimos una especie de pacto para relatar los sucesos: había que suavizar las historias para que se hiciesen creíbles, aún en desmedro de la misma realidad. Bajo esa lógica comenzamos a contar y escribir lo sucedido.

Casi una década más tarde, a fines de 2001, navegando por la red encontré ciertos documentos fundacionales de cierto realismo cuántico chilensis. Como conocía al autor de esos textos y creía que la intención de un escritor al publicar era, además de ser leído, ser comentado, redacté una breve carta a la que llamé “el realismo cuático”. Lamentablemente, y como la mayoría de las cosas que ocurren en Chile, mi acto comunicativo falló. El texto fue entendido como una ofensa, un insulto para con quienes “se atreven a proponer algo”. En ese contexto escribí  el segundo de los textos, en el que intenté explicar mis dichos. Tuvo una mejor acogida que el primero, y, más tarde, después de algunos breves mensajes, dejamos de escribirnos.

Pasaron varios meses hasta que noté que, sin darme cuenta, había sido “protagonista” de la “querella entre los cuánticos y los cuáticos”. Aparte de la risa que eso me dio, decidí reestructurar el texto y volver a publicarlo bajo el nombre de “Primer Manifiesto del Realismo Cuático”, cosa que ocurrió finalmente en noviembre de 2003. Publiqué también el “Segundo Manifiesto”, que no era más que la larga carta que le había enviado a este amigo cuántico en respuesta a su enojo, carta que, de pasadita, corregí para que fuera más coherente con el concepto que ya comenzaba a vislumbrar: esa tensión entre la realidad y la verosimilitud que tiene por campo de batalla a nuestro cerebro. No contento con eso, decidí redactar el  “Tercer Manifiesto”, que estuvo listo y publicado una semana más tarde.

En ese tercer manifiesto, que surge, al igual que el concepto inicial, de una conversación, esta vez, con Alejandro Moreau, intento dejar más claro de qué se trata esta cosa, medio informe, del realismo cuático: “todo aquel que se aferra a la realidad porque siente que su vivencia, su cotidiano hacer se desgarra en lo que la lógica mercantil llama verdad, verosimilitud, coherencia, autenticidad, e incluso, con la soberbia desbordando por las orejas, realidad; ese, ha entrado en los dominios del realismo cuático”. “Queremos ser escritores realistas, nos gusta el mundo, creemos en la materia, afirmamos incluso que es la manifestación más pura del espíritu, por eso y porque no queremos que tu cerebro o el nuestro explote, le daremos una última oportunidad en el texto, haremos verosímil lo que para la lógica mundana no lo es, seremos cagones porque dejaremos el vuelo y las alas desplegados en nuestro recuerdo mientras te contamos sobre los aviones”.

Pasó otra media década hasta que conocí a Marcelo Valdés, el poeta rockstar. Esa vez, después de escuchar sus “hits” coreados por media audiencia, nos fuimos a recorrer la noche y de cerveza en cerveza, de perro muerto en perro muerto, nos fuimos enterando del insoportable paralelismo en que habían transcurrido nuestras vidas. Como escribí en el prólogo a su “Al revés de los Cristianos”: “Sin habernos topado previamente hemos estado en los mismos lugares, conocido a las mismas personas y entregado a los mismos delirios rockeros, poéticos y políticos, con igual pasión. Escribimos sobre los mismos temas y construimos una poética equivalente, al punto de haber escrito, simultáneamente, -insisto, sin habernos topado antes- nuestros “Manifiesto del Realismo Cuático”.

Las fechas de publicación eran, además, casi idénticas. El “Primer Manifiesto” yo lo publiqué, como tal, en noviembre de 2003, mientras que él lo había hecho un mes más tarde. Resultaba evidente, desde el otro lado, desde el cristal akásico, al otro lado de la hebra que habíamos agarrado, alguien nos sacaba la lengua.

Hemos querido hacer esta compilación de textos de amigos desde esa óptica, sin la pretensión de quien quiere fundarse –porque nos estamos fundando a diario, de lo contrario, en estos tiempos oscuros se hace imposible sobrevivir- sino con el interés de quien quiere sumar. Hicimos correr estos manifiestos de mano en mano y a quien quisiera sumarse, le abrimos las puertas. El resultado, creemos, está a la vista. Lo que eso signifique, ni cagando es nuestra responsabilidad.

 

Adrián Barahona D.
Santiago, 8 de abril de 2011

 

1 comentario


  1. No me pondré sentimental para no asquearle. Pero Usted sabe, lo sabe bien, para qué voy a escribirlo entonces.

    Usted ya sabe.

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