Conversación durante el Encuentro de Colectivos de Cultura, diciembre 2003

“DEL PUEBLO Y SU ALTA CULTURA”

Transcripción corregida del diálogo entre Adrián Barahona de RadioMacul y otros asistentes al Encuentro Nacional de Colectivos Artísticos y Culturales, Santiago, diciembre 2003

¿Qué es la Cultura?

Desde la perspectiva académica la cultura es el conjunto de constructos realizados por la especie humana. A partir de esa misma perspectiva se puede oponer cultura a naturaleza de igual manera como se opone para los humanistas el despliegue de la intencionalidad humana en el “campo de lo dado”. Aceptando lo anterior, la idea de cultura vendría a entenderse para el humanismo como toda expresión de la intencionalidad humana –la propia libertad humana- que se despliega en el mundo resignificándolo y resignificándose a si misma.

Eso es muy general ¿por qué se habla entonces de cultura cuando se refiere a las disciplinas estéticas?

Se trata de un énfasis particular que posiblemente se sustente en la intención de los “creadores” por “crear” cultura de manera conciente. El arte, desde su filosofía, ha tenido la tradición de preguntarse sobre su propio sentido. En esa búsqueda, en la que posiblemente han surgido más interrogantes que certezas, ha reflexionado sobre si misma y encontrado que a lo largo de la historia humana ha sido el reflejo del espíritu de los pueblos y parte importante del legado que éstos nos han heredado.

¿Quiere decir eso que es más importante esa idea de cultura que la de construcción cotidiana del mundo?

No. Si estamos de acuerdo en que a través de las disciplinas estéticas los pueblos nos presentan el reflejo de su espíritu, tenemos también que estar de acuerdo que ese espíritu se forja en la cotidianeidad de cada una de las intenciones que componen ese pueblo. Los artistas han cumplido el rol de mirar su época, cuestionar sus vicios y bendecir sus virtudes, pero la tarea colectiva ha sido de los pueblos en conjunto.

Si esto es así ¿Qué sentido tiene entonces que existan instituciones dedicadas a promover el desarrollo de la cultura?

El ser humano tiene la capacidad única de definirse a si mismo, como individuo y como colectivo. Si de acuerdo a lo que hemos conversado la cultura de un pueblo es la expresión de su espíritu, podemos aspirar a que ese pueblo exprese lo mejor de si en el presente y desarrolle lo mejor de si en el futuro. Para que así sea es necesario que la sociedad a través de sus instituciones disponga de los recursos necesarios a estos fines.

¿Y si los fines que persiguen grupos diferentes de la sociedad son diferentes e incluso opuestos entre si?

A esos grupos se les ha llamado tradicionalmente subculturas y su existencia se enriquece en el contacto, siendo necesario que se asegure el derecho a su desarrollo. Es el caso de los pueblos originarios, de las tribus urbanas y de todo grupo que comparte un conjunto importante de aspiraciones y códigos en común. Respecto del otro punto, existe un particular tipo de subcultura denominado contracultura, cuyas aspiraciones son opuestas a las aspiraciones de la cultura dominante. De igual manera es necesario asegurar el derecho al desarrollo de las contraculturas y con ello la posibilidad de desplazamientos dinámicos en las aspiraciones de los pueblos.

¿Cómo se insertan las culturas originarias en este esquema?

Los pueblos originarios de América han sufrido históricamente la marginación por parte de la cultura dominante. Esa marginación ha llevado a muchos a creer que resulta necesario “preservar” la cultura de estos pueblos como si se tratara de un bien estático, condenando a los mismos a cristalizar cualquier posibilidad de desarrollo. Es ingenuo por lo mismo creer que la “recuperación” de las culturas originarias ha de darse en el contexto de un “regreso” a las raíces. Las aspiraciones de estos pueblos, al igual como las aspiraciones de la mayoría mestiza, se transforman de acuerdo a las posibilidades que se van abriendo –o cerrando- para los colectivos. Si esto es así, cabe declarar de igual manera el derecho al desarrollo dinámico de las aspiraciones de estos pueblos en concordancia al derecho al desarrollo de cualquier grupo humano.

Insisto en que podríamos hablar en este caso particular de una “deuda histórica”…

El sistema de dominación ha marginado a los pueblos originarios de la misma manera como ha marginado y violentado a cualquier grupo o individuo que haya intentado una salida a esa dominación. La tiranía impuesta por la homogeinización de ese sistema de creencias violento, es decir, que no cree en la libertad, ha marcado la historia de la humanidad desde el momento en que grupos minoritarios se apoderaron por la fuerza del “todo social”. Si tenemos que hablar de una deuda histórica debemos hablar de los, al menos, 5000 años en que los grandes grupos humanos han sido explotados y oprimidos. De lo anterior debe entenderse que la lucha por la libre determinación es una tarea que debemos enfrentar como conjunto, unidos por el respeto a nuestras diferencias.

¿No se trataría de algún tipo de intervencionismo si el Estado incentiva a algunos de estos grupos?

Si así fuera, y lamentablemente hoy es así, efectivamente estaríamos hablando de un desarrollo desigual que no podría dar cuenta de las aspiraciones de un pueblo entero. Es por esto que es primario que sea el Estado el que disponga de los recursos para que sean los actores culturales quienes finalmente y en virtud de la fuerza de sus acciones, puedan presentar su “producto cultural” y sea el colectivo el que juzgue la validez de su propuesta.

¿A qué se refieren cuando hablan de “recursos”?

A las condiciones materiales mínimas para desarrollar una actividad creativa. Esto incluye el material necesario en todas las fases de la producción, desde su origen hasta su difusión, incluido en esto el creador y su dignidad.

Considerando entonces que los “recursos” del Estado son limitados ¿Cómo podría financiarse la totalidad de los emprendimientos creativos?

Efectivamente, esto es un problema y esta posibilidad se irgue más como una aspiración que como una propuesta. Pero como aspiración se puede sostener una política abierta de parte del Estado que implique la transparencia de la distribución de los recursos destinados al desarrollo cultural del pueblo.

¿Hay en ese comentario una crítica a la forma como se manejan los “fondos concursables” hoy?

Claro que sí, pero no sólo eso. Si hacemos pública la evaluación de los proyectos presentados a los fondos concursables se transparenta con ello el punto de vista que aplica la institución, independiente de los discursos que sostenga. Esa transparencia en la asignación y en el punto de vista que la sostiene se hace imprescindible cuando no es posible financiar a la totalidad de los emprendimientos.

¿Y la empresa privada?

Hay dos problemas con la empresa privada. El primero es que financia sólo a aquellos emprendimientos que han alcanzado un cierto grado de masividad o influencia. Esto es lógico porque la empresa recupera en publicidad lo que invierte como auspicio. El segundo problema es que la empresa privada no puede “arriesgarse” a financiar emprendimientos de vanguardia que pudieran “contaminar” su imagen, limitando con ello las posibilidades de los creativos.

Pero en algo ayuda…

Por supuesto.. En este sentido hay que distinguir entre lo que ponen las empresas en forma de auspicios, que no es menor, y lo que ponen en forma de donaciones, que podría no ser menor. La Ley de Donaciones Culturales es hoy sólo una buena intención porque las dificultades para gestionar las donaciones son demasiadas para los creativos independientes. Es necesario ampliar las posibilidades de esta ley simplificando el proceso de gestión y ampliando sus beneficios a los creativos independientes.

¿Por qué es un error asociar cultura con espectáculo?

Al hacerlo se niega la doble realidad de la cultura, como experiencia personal y como experiencia colectiva. El espectáculo aparece en los esquemas del mercado como una acumulación de imágenes que al impedir la comunicación verdadera entre “espectador” y “espectado” limita la posibilidad de la reflexión. El espectáculo –y con ello la cultura- se transforma en un “bien” transable y por lo mismo “acumulable”. La relación cotidiana del ser humano con el producto de su creación es lo que permite finalmente ampliar el espectro de posibilidades y con ello, las posibles aspiraciones de un pueblo.

Ustedes hablan de “izquierdos de autor”

Los izquierdos de autor son una nueva etapa del desarrollo del concepto de autoría que apunta doblemente a la recuperación del “producto cultural” como “bien social” y a la recuperación del “aura” de la experiencia estética inmediata. La “reproductibilidad técnica” que mencionó Benjamin es hoy una realidad “casera” porque con los recursos que nos presenta la tecnología digital es posible reproducir a un costo ínfimo casi cualquier producto audiovisual. ¿Cómo se puede evitar que la gente copie en sus casas la música, el cine, las imágenes, los textos? Técnicamente no se puede evitar y creemos que humanamente tampoco. Se podría creer que eso atenta contra los creadores porque niega el ingreso que la venta de sus productos le reporta. Esto no es cierto. Las editoriales que producen los libros, los sellos que producen los discos, los estudios que producen el cine, se llevan hoy más del 80% de las ganancias…

…pero el 20% se lo llevan los creadores…

A veces. Pero nuestra propuesta no dice que los creadores pierdan su 20%, sino que este mecanismo de intermediación por parte de estas transnacionales de la cultura nos obliga a recibir un objeto cultural que en su producción ha sido sesgado por las leyes del mercado. Ese sesgo contra la libertad del creador es lo que creemos que se puede evitar al acabar con la intermediación.

Eso suena a declaración de principios…

Lo es, pero también es una propuesta concreta. Hace 20 años, grabar un disco era un proceso carísimo porque el equipamiento de un estudio de grabación aceptable no costaba menos de 50 mil dólares. Hoy puedes hacerte de un estudio con menos de tres mil e incluso puedes lograr calidad suficiente con sólo mil dólares. ¿Calidad suficiente para qué? Para poner tu disco en internet y permitir que cualquiera lo baje libremente, lo escuche y lo copie todas las veces que quiera. ¿Y qué gano con eso? Gano la posibilidad de ser escuchado por un público que jamás me hubiera escuchado o sólo lo hubiera hecho después de sortear el gigantesco obstáculo del “contrato con el sello”. Y luego de ser escuchado y difundido voy a tener un público para mis presentaciones en vivo, que son, incluso hoy, la principal fuente de ingresos de los músicos. Grabemos indiscriminadamente, difundamos indiscriminadamente y dejemos que sea el colectivo el que decida. Como pueden ver, se cumple de esta manera el doble objetivo de recuperación del bien social y recuperación de la experiencia estética directa.

En el caso de la música parece posible, pero no se me ocurre como funciona con otras disciplinas…

La verdad es que a nosotros tampoco se nos ha ocurrido, pero de todas formas podemos ver como aparece en el circuito independiente una serie de ejemplos que al menos muestran cómo se puede pasar por encima de la tiranía de las transnacionales. Aún así, lo que nosotros queremos demostrar es que el momento histórico, la mundialización, el desarrollo de la tecnología, han sobrepasado con creces el concepto de “derechos de autor”. El mecanismo que hemos ideado para la producción musical quiere ser un ejemplo para que los creativos apuesten por si mismos y por su creación, y serán, por supuesto, los artistas de cada área, los que irán desarrollando nuevos mecanismos acordes a sus disciplinas.

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