Editoriales

Introducción a Antología del Realismo Cuático

Posted by admin on abril 09, 2011
Antologia del Realismo Cuatico, Editoriales / 1 Comment

EL SURGIMIENTO DEL REALISMO CUÁTICO

En 1994, durante una conversación con Mauricio Valenzuela, pensamos en algunos acontecimientos que habían ocurrido durante la última semana. Divagamos sobre la posibilidad de contarlos a otros y llegamos a la conclusión que no era posible. ¿Qué era lo que había que ocultar, lo que había que proteger? Curiosamente, lo que estaba en juego era nuestra credibilidad. Aquello que había ocurrido estaba por encima de la lógica humana, partes de lo que podríamos contar haría, inmediatamente, que nos tacharan de cuenteros. Y aunque de alguna manera era cierto porque, particularmente, yo era cuentero mientras él era, preferentemente, versero, hicimos una especie de pacto para relatar los sucesos: había que suavizar las historias para que se hiciesen creíbles, aún en desmedro de la misma realidad. Bajo esa lógica comenzamos a contar y escribir lo sucedido.

Casi una década más tarde, a fines de 2001, navegando por la red encontré ciertos documentos fundacionales de cierto realismo cuántico chilensis. Como conocía al autor de esos textos y creía que la intención de un escritor al publicar era, además de ser leído, ser comentado, redacté una breve carta a la que llamé “el realismo cuático”. Lamentablemente, y como la mayoría de las cosas que ocurren en Chile, mi acto comunicativo falló. El texto fue entendido como una ofensa, un insulto para con quienes “se atreven a proponer algo”. En ese contexto escribí  el segundo de los textos, en el que intenté explicar mis dichos. Tuvo una mejor acogida que el primero, y, más tarde, después de algunos breves mensajes, dejamos de escribirnos.

Pasaron varios meses hasta que noté que, sin darme cuenta, había sido “protagonista” de la “querella entre los cuánticos y los cuáticos”. Aparte de la risa que eso me dio, decidí reestructurar el texto y volver a publicarlo bajo el nombre de “Primer Manifiesto del Realismo Cuático”, cosa que ocurrió finalmente en noviembre de 2003. Publiqué también el “Segundo Manifiesto”, que no era más que la larga carta que le había enviado a este amigo cuántico en respuesta a su enojo, carta que, de pasadita, corregí para que fuera más coherente con el concepto que ya comenzaba a vislumbrar: esa tensión entre la realidad y la verosimilitud que tiene por campo de batalla a nuestro cerebro. No contento con eso, decidí redactar el  “Tercer Manifiesto”, que estuvo listo y publicado una semana más tarde.

En ese tercer manifiesto, que surge, al igual que el concepto inicial, de una conversación, esta vez, con Alejandro Moreau, intento dejar más claro de qué se trata esta cosa, medio informe, del realismo cuático: “todo aquel que se aferra a la realidad porque siente que su vivencia, su cotidiano hacer se desgarra en lo que la lógica mercantil llama verdad, verosimilitud, coherencia, autenticidad, e incluso, con la soberbia desbordando por las orejas, realidad; ese, ha entrado en los dominios del realismo cuático”. “Queremos ser escritores realistas, nos gusta el mundo, creemos en la materia, afirmamos incluso que es la manifestación más pura del espíritu, por eso y porque no queremos que tu cerebro o el nuestro explote, le daremos una última oportunidad en el texto, haremos verosímil lo que para la lógica mundana no lo es, seremos cagones porque dejaremos el vuelo y las alas desplegados en nuestro recuerdo mientras te contamos sobre los aviones”.

Pasó otra media década hasta que conocí a Marcelo Valdés, el poeta rockstar. Esa vez, después de escuchar sus “hits” coreados por media audiencia, nos fuimos a recorrer la noche y de cerveza en cerveza, de perro muerto en perro muerto, nos fuimos enterando del insoportable paralelismo en que habían transcurrido nuestras vidas. Como escribí en el prólogo a su “Al revés de los Cristianos”: “Sin habernos topado previamente hemos estado en los mismos lugares, conocido a las mismas personas y entregado a los mismos delirios rockeros, poéticos y políticos, con igual pasión. Escribimos sobre los mismos temas y construimos una poética equivalente, al punto de haber escrito, simultáneamente, -insisto, sin habernos topado antes- nuestros “Manifiesto del Realismo Cuático”.

Las fechas de publicación eran, además, casi idénticas. El “Primer Manifiesto” yo lo publiqué, como tal, en noviembre de 2003, mientras que él lo había hecho un mes más tarde. Resultaba evidente, desde el otro lado, desde el cristal akásico, al otro lado de la hebra que habíamos agarrado, alguien nos sacaba la lengua.

Hemos querido hacer esta compilación de textos de amigos desde esa óptica, sin la pretensión de quien quiere fundarse –porque nos estamos fundando a diario, de lo contrario, en estos tiempos oscuros se hace imposible sobrevivir- sino con el interés de quien quiere sumar. Hicimos correr estos manifiestos de mano en mano y a quien quisiera sumarse, le abrimos las puertas. El resultado, creemos, está a la vista. Lo que eso signifique, ni cagando es nuestra responsabilidad.

 

Adrián Barahona D.
Santiago, 8 de abril de 2011

 

Primer Manifiesto del Realismo Cuático

Posted by admin on julio 03, 2009
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Santiago, noviembre de 2003

Algunos creen ingenuamente que el mundo ha cambiado. Otros creen de igual forma que la tecnología y la ciencia han avanzado lo suficiente como para construir en la tierra un paraíso de horizontalidad. Más de alguno se atreve a proponer un desarrollo de la cultura que da paso a un salto cualitativo en el nivel de conciencia de la especie. Por ahí no falta el que se siente integrado ontológicamente con la experiencia cotidiana y arcaica de los pueblos o revolucionada su presencia lineal en el mundo.

Pero en la esquina mis ex vecinos siguen macheteando para conseguir la pasturri, mis ex compañeros de colegio trabajan quince horas diarias para alcanzar la satisfacción de comprar el domingo en el mall, mis ex compañeros de universidad tienen cientos de obreros educados en institutos a los que pagan una migaja para hacerse ellos un sueldo que les permita pagar la cuota del departamento en la comuna en la que nunca antes vivieron, y lo peor de todo, mis ex compañeros de partido, hoy tan finamente renovados son citados al tribunal porque sin duda y lo supe siempre, son los corruptos que dan la espalda al pueblo.

Es un lindo escenario, hay que decirlo sin pena. Una hermosa ecuación que camina lentamente hacia el indeterminado caos. Tan realista como lo que tenemos que aceptar por presión de la evidencia y tan cuático como lo que nos negamos a aceptar en la sorpresa. Y aún si nuestra pobre forma de mirar el mundo sea la que determine esta construcción, si nuestro cerebro estuviera obligado a armar las cosas entre un lejos y un cerca o un antes y un después que no comprendo, aún si fuéramos todos tan cretinos como para mirarnos el ombligo antes de aceptar la derrota y ponernos de pie con las mismas banderas de la sagrada y alquímica respuesta, aún así, seguiríamos paseando el miedo que la muerte, y no sólo la de guadaña y capucha, nos dejó de herencia.

Pero el hombre que acecha en sus ojos de tigre aún no pierde esa libertad de soñar y de volar que no puede fundarse ni refundarse porque la llevamos en los huesos y en la genética misma y retorcida del desenfreno. Son esas las garras que rasgan los tapices y las pieles y aún beben directo la sangre de los corazones. Ellos son los que forjan la cultura transformándose en símbolo, en mito y aún en ritual desesperado.

Debe ser porque secretamente nunca creímos en la religión de la física y por cierto, pensamos que volar nunca debería de ser seguro.

Pro Locco

Posted by admin on mayo 22, 2009
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Prólogo a Miss Peoress Poemass de Mauricio Valenzuela

- Pasamos a otra etapa hermano
- No me voy a despedir de ti, en todo caso
- Coincido

Ese fue el fin de nuestro diálogo. Estábamos en el Bahamondes, tal como lo hacíamos ritualmente todos los lunes, para nuestra reunión de evaluación del fin de semana. No recuerdo los detalles de esos días. Es imposible asumir una realidad sobrecargada de estímulos y fijarse al mismo tiempo en detalles.

Ese lunes nos acompañaba Arcturus, un buen amigo que nos había soportado, a nosotros y a nuestro ritmo, por más tiempo que el habitual. Partimos con Mauricio al baño a evacuar la cerveza y nos quedamos ahí. Comúnmente nos echaban de los baños porque nos encerrábamos en ellos a conversar de las mil acaloradas ideas que nos habían fermentado en el cerebro mientras alguien se meaba en la puerta. Esta vez vimos pasar a muchos que nos miraban con extrañeza, sobre todo aquel que escapó horrorizado cuando nos encontró abrazados y llorando después de las palabras que cerraron nuestro diálogo. Estuvimos así un par de minutos antes de poder salir del baño fortalecidos. Afuera todo era luminoso porque era un nuevo día.

Y mientras yo tomaba mi agenda y copiaba en ella las últimas tres líneas de nuestro diálogo, afuera todo era un gran latido. Arcturus discutía con un grupo de chicas. La mitad de ellas lo encontraban precioso y la otra mitad muy feo. Mauricio… Dean, miraba TODO el paisaje desde su asiento junto a mi, en la ESQUINA, en NUESTRA mesa. Sólo sonreía.

Este libro compila parte de los poemas que escribió entre los años 1985 y 1995. Son diez años que representan mucho más que palabras. Son la manifestación de la Vuzqueda. La que nos hermanó y nos mantiene en contacto.

Este libro pretende ser algo más que eso. Este libro es el inicio de algo más. Es la primera manifestación de los que hacemos de la vida un gran latido, de principio a fin. Nuestro sueño, el de nuestra generación febril, que hoy se transforma en tu regalo… en tu invitación para ser por siempre algo más que palabras.

Un Guerrero no teme a la Muerte

Posted by admin on mayo 22, 2009
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Discurso de despedida pronunciado en el funeral de Mauricio Valenzuela

12 de julio 1995

Un guerrero no teme a la muerte. Un guerrero sabe que la muerte se sienta a su lado izquierdo y lo acaricia a diario sin tocarlo. El guerrero sabe que la muerte sigue sus pasos a la distancia porque a veces ella enciende sus luces. Hace dos meses la muerte se mostró a Mauricio y él me lo dijo.

Hace dos meses mi hermano anunció que moriría el 7 de julio, un mes después de su cumpleaños.

La muerte siente especial predilección por los guerreros. Por eso antes de invitarlos a seguirla les concede un último baile. Dependiendo de su poder personal o de la unidad interna o como queramos llamarlo, los guerreros danzan algunos minutos y otros algunas horas. Mi hermano como guerrero impecable danzó 3 días completos.

Hoy te has burlado nuevamente del absurdo como lo hicimos tantas veces. Por eso quiero decirte: Mauricio, con la más sincera de las alegrías, adiós mi big hermano, te deseo la más grande de las suertes en esta nueva aventura, hasta que nos volvamos a encontrar.

Treinta y Un Años de Juventud

Posted by admin on mayo 22, 2009
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Recibí hace algunos días atrás un email de una buena amiga, en el que después de enumerarse el paisaje de los años ochenta, se invitaba a compartir el sentimiento de vejectud con tus amigos. Reflexioné un poco y preferí escribir esta breve nota para compartir con ustedes mi aún vivo sentimiento de juventud. Un fuerte abrazo. Adrián. Diciembre de 2003.

TREINTA Y UN AÑOS DE JUVENTUD
(AÚN NO SON OCHENTA, PERO EMPEÑO SE LE HACE)

Hace quince años atrás, cuando tenía dieciséis, me enfrenté a la pregunta sobre el futuro. Pensé en cuál era el mundo en el que quería vivir y pacté conmigo mismo mantenerme firme fuese cual fuese el desenlace de los acontecimientos. Ya había escuchado muchas veces a los viejos decir “son cosas de la juventud, cuando uno tiene tu edad quiere cambiar el mundo, pero después…” pero no me desanimaba porque a mi lado tenía a dos grandes amigos “mayores” en quienes podía ver el indisimulable brillo en la mirada que te otorga la capacidad de soñar. Era posible entonces llegar a mayor y no ser vencido. Era posible enfrentar a la muerte sin haber sido derrotado.

Pasaron algunos años, compartí mis sueños con muchos compañeros y al calor de un par de copas juramos infinitas veces que estábamos de pie y seguiríamos luchando porque de nuestro lado estaba el mismo universo respirando al compás de nuestras vidas. Y así como esa escena se repitió mil veces, novecientas hube de ver también la caída y la traición del propio futuro. ¡Cuánta severidad Adrián! ¡No te lo tomes tan en serio! me decían mientras nadie podía explicarme como lo que ayer era de todos hoy se hacía propiedad, lo que ayer era solidario hoy se hacía egoísta, lo que ayer era pura rebeldía hoy se hacía ansiosa sumisión. Escribí entonces ese largo poema que posiblemente leíste, “hubo gente vestida de negro en mi cocina”, y que cantaba sobre lo fácil que es ser revolucionario mientras estudias, te mantienen y el futuro se abre seguro con la profesión exitosa que elegiste; sobre lo fácil que reniegas cuando te ofrecen la primera posibilidad de ser parte de ese sistema de privilegios. ¡Pero Adrián, como tan soberbio, no seas tan severo con tus amigos que ya te tocará a ti!

Este año, mientras cruzaba la frontera entre Chile y Argentina exactamente a la hora en que se cumplían treinta años desde que había nacido, cuando se cerraba aquel viaje mítico por América con el que tanto había soñado y cuando se cerraba un capítulo de aquel otro viaje que había empezado el dieciocho de marzo del setenta y tres, reflexionaba sobre estos años y sobre mis sueños y por encima de todo, sobre el futuro. Recordé con cariño a todos quienes me han acompañado y agradecí la vida que me ha tocado vivir.

Recordé entonces mi promesa adolescente de seguir siendo “joven” hasta el día de mi muerte, de seguir soñando con los ojos abiertos, de vibrar irresponsablemente con cada nuevo desafío y con cada nuevo proyecto y con cada nueva aventura que algún loco llegara a proponerme. Y entre risas y lágrimas me dije ¡vaya, creo que lo he hecho bastante bien!

Es por eso que he decidido no envejecer. No creer que el mundo es como era cuando crecías, ni creer que el mundo en que crecí era mejor, ni creer tampoco que lo nuevo es peligroso o feo. Opté creer en cambio que todo hay que cambiarlo y que el pasado hay que enterrarlo después de aprenderle y prenderle fuego. Creer por sobre todo que aquello que soñé cuando aprendí a pensar era la más pura expresión de lo que verdaderamente soy. A fin de cuentas, todos sabemos desde niños lo que se debe hacer y lo demás “es perder el tiempo y perderse”.

Así las cosas, no me queda más que despedirme con las puertas de mi casa abiertas a todos los irresponsables e ingenuos que quieran acompañarme en este camino de perpetua juventud.

¿Por qué soy Vegetariano?

Posted by admin on mayo 22, 2009
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Mi ex novia Daniela es vegetariana porque asegura que la carne, las drogas y el alcohol, son instrumentos de dominación del capitalismo. Entonces, ningún revolucionario puede llamarse conciente si se deja enredar por los explotadores y sus esbirros.

Teo, un buen amigo que prefirió una vida apacible en Aysén a cambio de su exitosa carrera de ingeniero eléctrico, es vegetariano porque descubrió que los animales con los que nos alimentamos son inyectados con nanotecnología, microscópicos circuitos que se sintetizan con nuestras células y les permiten a los conspiradores controlar nuestras emociones desde sus centrales emisoras. Por eso es que tampoco consume margarina, azúcar o granos refinados, ni mucho menos transgénicos.

Isabel no sólo es vegetariana sino que además habla con los animales y con las plantas. Cada vez que corta un tomate de la rama le pide cariñosamente perdón y le recuerda que sólo lo hace para alimentarse. Ella es no violenta y dice que no podemos matar a nuestros hermanos menores, los animales, y mucho menos criarlos en cautiverio para luego asesinarlos despiadadamente. Al igual que Marta, otra chica a la que conocí en un encuentro de alimentación orgánica, me llena de información cada vez que nos juntamos a beber una leche de almendras en su casa, información que cada vez me sorprende más. Durante la última visita me dijo que el daño que la carne hace a nuestro espíritu es parecido al que hace la cocaína… si miras el aura podrás notar las estrías, me dijo. Debe ser la maldición incaica, le respondí.

Claudio es precisamente su opuesto. El dejó de comer carne porque tenía demasiadas espinillas. Cuando se dio cuenta que éstas desaparecieron rápidamente siguió experimentando con su dieta e investigó todo lo que pudo sobre alimentación. No hay que negar que le dio excelentes resultados porque a los 30 años conserva el cuerpo atlético que muchos tuvimos a los 18. El es un humanista ortodoxo y un hedonista irredimible: “si hay que matar a todas las ballenas para encontrar la cura del sida, ¡pásenme mi arpón!”

En cambio yo, soy vegetariano porque jamás podré olvidar el increible aroma a duraznos recién cortados que tenía la piel de Javiera, aquella hermosa chica, hija de padres budistas, que no había probado aún la carne a sus veinte años, ni lo ha hecho hasta hoy; soy vegetariano porque no pude dejar de enredarme y deslizarme tan suavemente entre sus piernas durante aquel eterno y jugoso verano del 94.